Pregón de la Semana Santa de Cuevas del Almanzora 2024

 

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE CUEVAS DEL ALMANZORA 2024

 

pregonero semana santa 2024 Francisco puentes zamora

 

A cargo de D. FRANCISCO PUENTES ZAMORA

 

 

Reverendo Padre Conciliar de esta magnífica Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y querido amigo Óscar Trujillo Burgos.

Ilustrísimo Alcalde y querido Antonio.

Autoridades Civiles, Militares, de la Guardia Civil y la Policía Local.

Hermanos y hermanas mayores y Junta de Gobierno de todas las Hermandades.

Señoras y señores

Hermanos Cofrades

Amigos Todos.

Déjenme empezar dando las gracias al Pregonero del año pasado, Don Ginés Pérez Cervantes por su cariñosa presentación, la que me hace pensar en los desvelos preocupaciones y trabajo que le he dado a mi ángel de la guarda.

Sé que se están preguntando qué hace un militar y además aranés, nacido hace 75 años, en un pequeño pueblo de montaña, al otro lado de los Pirineos dando el Pregón de la Semana Santa de nuestro pueblo, Cuevas del Almanzora.

Intentaré explicárselo:

Yo empecé a entrar en Cuevas  poco a poco, primero en 1974 por la pedanía de El Pozo del Esparto. Mis suegros, como otros lorquinos, habían comprado una casa en la Urba. Enseguida me atrajo la belleza de estas costas, la diversidad de colores de sus tierras, esos montes de esparto, ese cielo estrellado de noche y luminoso de día, ese silencio que me permitía leer con voracidad, la pureza del aire, me permitía disfrutar de mi deporte favorito entonces, la carrera de largas distancias, que compartía con un jovencito, hoy policía local de Cuevas, Paco Mora, disfrutando del paisaje costero hasta cerca de Villaricos, lo que nos producía gran alegría, energía y motivación.

Poco después, José Ortega de El Largo, con un apretón de manos, cerramos el contrato de construirme la casa de la que ahora tanto disfrutamos. Nunca podré dejar de agradecérselo, ni olvidarme de su honestidad, generosidad, bondad y profesionalidad.

Y, para rematar la faena, mi hija única, se casa con un cuevano y nos integramos en lo mejor que nos pudo ocurrir, en una familia excelente en todos los sentidos, la familia Segura Varela, ¡qué os puedo contar de ellos que vosotros no sepáis!: buenos, generosos, trabajadores, cariñosos, todo lo que se diga es poco.

Es a partir de entonces, con mi retiro, cuando decidimos vivir el mayor tiempo posible aquí.

Ustedes son cuevanos porque nacieron aquí, nosotros somos cuevanos por decisión propia, porque queremos vivir aquí.

Nada más retirarme, aparecieron por mi casa en el Pozo, Francisco Campoy, Hermano Mayor de la Hermandad de San Juan Evangelista, con alguno de su Junta Directiva y me pidieron ser el Padrino de la imagen recién finalizada del Cristo de la Salud y que les acompañara en su procesión. Como pueden imaginar, no sólo no me pude negar, sino que fue un gran honor para mí, cuevano de adopción, poderme integrar de esta manera en el pueblo de Cuevas.

Por último, vuestro alcalde, mi querido Antonio, me llamó y me dijo: “Te voy a pedir un favor, pero no me puedes decir que no”. Mi cabeza empezó rápidamente a maquinar qué podía ser. “Que seas el Pregonero este año de la Semana Santa de Cuevas”. Como disciplinado militar, por el cariño que le tengo a Cuevas, por el lema militar: “ni pedir, ni rehusar”, pareciéndome un inmerecido honor el asumir esa gran responsabilidad, no pude decirle más que “adelante”.

Comprenden ahora porque estoy en este atril. Este año además tengo la suerte de que mi ahijado, el Cristo de la Salud, presida el cartel de la Semana Santa.

Estos días he tenido que volver la vista atrás. Creo que la vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y como lo recuerda para contarlo.

El primer recuerdo que tengo de la paupérrima pero entrañable procesión de mi pueblo es: la Cruz de Cristo, detrás arrodillados y en silencio siete u ocho jóvenes avanzando acompañándolo. La Virgen que llamábamos la Virgen Negra y que estos días he sabido era la de los Dolores, pequeña imagen, guardada en una de las ermitas que rodean mi pueblo, con una saya de negro, portada por cuatro mozas vestidas también todo de negro. Yo, de monaguillo, delante de la Virgen, de repente, un hombre joven curtido por el trabajo en la mina, se pone de pie delante nuestro y con un gran sentimiento y voz rasgada, le canta algo profundo a la Virgen. Lo han adivinado, luego supimos que era una saeta. Era uno de los mineros que todos los años mi abuelo reclutaba en la zona entre Úbeda, Baeza y Linares y venían a mi pueblo a trabajar a las minas, desde que desaparecía la nieve, a mediados de marzo hasta mediados de octubre. Mi abuelo me contaba que estos mineros andaluces eran los más trabajadores, lo que he podido comprobar entre los miles de subordinados que han estado bajo mis órdenes.

Con 14 años aparecimos en Úbeda y allí descubrí el porqué es esta tradición mariana de Andalucía y, es debida a la profunda unión, al cariño intenso que se profesa la madre con el hijo.

Entre los muchos ejemplos que comprobé les cito el de mi buen amigo Joaquín Sabina, poeta religioso en aquellos años, escribía unas profundas poesías tanto a su madre como a las Vírgenes de Úbeda. Todavía en uno de los 22 traslados de mis 45 años de vida militar me encontré al ojear un libro de poesía, la que Joaquín dedicaba a la Patrona de Úbeda, la  Virgen de Guadalupe. Magnífica y profunda, sólo con 16 años.

Las procesiones de Úbeda seguían el estricto horario de los acontecimientos de la Pasión de Cristo. El Miércoles Santo la Santa Cena a las 8 de la noche, la Oración en el Huerto a las 10. A continuación: El Prendimiento. Jesús Ante el Sumo  Sacerdote, Ante Pilatos, la Flagelación y así sucesivamente. Yo procesioné cuatro años con una magnífica imagen y una disciplinada Hermandad, el Jueves Santo a las 3 de la tarde: El Cristo de la Expiración.

De Coronel llegué a Sevilla a mandar el Regimiento de Guerra Electrónica en los tiempos de plomo y sangre de la ETA en esa ciudad.

Carlos Herrera, que había sufrido en persona un atentado fallido de ETA, fue el encargado de declamar, en el gran teatro de la Maestranza, el Pregón de la Semana Santa de Sevilla, ¡Madre mía! Qué voz, qué lucidez, cómo transmitía los sentimientos que sentía.

Como Coronel de Regimiento, fui Hermano Mayor Honorario de la Hermandad de la Paz, la primera que sale en Sevilla, el Domingo de Ramos, a las 11 de la mañana y nos recogíamos algo más tarde de las 2 de la madrugada, por los Jardines del Triunfo.

Yo iba con la presidencia delante de la Virgen vestido de nazareno, con mi capirote, que en Sevilla era obligatorio ponérselo nada más salir a la puerta de la casa y, sólo se podía quitar dentro de la Iglesia.

La salida, a rebosar de gente, deseosa de su Semana Santa y, allí oí las peticiones más increíbles que la gente, adelantándose y mirando a la Virgen le demandaban. Habría para escribir un libro. A mí, por el contrario, siempre me gusta a los Santos y a Jesucristo, darles las gracias, incluso en situaciones de riesgo y peligro, que supero gracias a la ataraxia del guerrero, porque sé, que sólo pueden dar lo que únicamente se puede obtener de uno mismo.

Dos de mis suboficiales ‘capillitas’ como les llaman a los apasionados de la Semana Santa en contra de los ‘feriantes’ que son los fanáticos de la Feria de Abril y que discuten entre ellos sobre qué acontecimiento es mejor.

Nos recogieron a las 11 de la mañana del jueves y regresamos a las 12, al mediodía del viernes, más de 24 horas por las calles de Sevilla. Vivimos ‘La Madrugá’. No pararon de llevarnos a los lugares desde donde se veía mejor tal Virgen o a otro tal Paso o tal Cristo. Debo reconocer que tenemos un inolvidable recuerdo de esa noche. De los olores a azahar, a incienso, de la luna llena sobre el Guadalquivir, de los churros con chocolate a las 5 de la mañana y, de esas magníficas Macarenas y Cristos del Gran Poder y de los Gitanos.

Después de mi mando en el Eurocuerpo en Estrasburgo llegué como General de División a Granada donde me pidieron que procesionara con la Hermandad de la Concepción, ‘La Concha’, que sale del Albaicín. En uniforme, cosa que me daba mucha vergüenza, pero al acabar la procesión me di cuenta cómo la gente agradecía que acompañáramos a las procesiones.

En una pequeña fiesta que hizo antes de la Semana Santa esa Hermandad, que es de gitanos cantores del Sacromonte y toreros, se le ocurrió a Inés pedirle a Marina Heredia que le cantara una saeta desde el balcón de nuestro domicilio a La Concha, donde iba su marido, el torero entonces, Pedro Chicote de costalero. El Edificio de Capitanía donde vivíamos se convirtió a partir de ese año en uno de los mejores balcones para cantar saetas a la mayoría de los pasos de Granada que discurren por la calle San Matías en su estación de penitencia a la Catedral.

El tercer año organizamos en Capitanía el Concurso de Saetas de Granada y las cinco primeras tuvieron el honor de cantar una saeta a sus devociones desde el balcón que además daba a una hermosa plaza que siempre estaba a rebosar de gente.

Un año llegué a salir con cinco Hermandades, luego empecé a repartirlas entre mis generales.

Para mí, la Concha, con esa salida desde el Albaicín al Paseo de los Tristes, al son de saetas y con la luna llena alumbrando la Alhambra, por esa calle estrecha llena de geranios, con la Virgen llevando mi fajín de General, que yo les prometí si ascendía a Teniente General y me quedaba en Granada, como así fue, es imborrable.

Por último, en el 2012, mi último año de servicio activo, me envió el Jefe del Ejército a presidir la Procesión del Cristo de la Buena Muerte con la Legión a Málaga. Desde el desembarco de los marchosos legionarios a las 9 de la mañana en el Puerto, la entronización del Cristo a las 11 de la mañana, que todos habrán visto por los medios de comunicación, a la Procesión, que empezaba a las 19 horas y regresábamos a las 2, marcando el paso lento. Ese año entonamos 66 veces el Novio de la Muerte, pero me dijeron que el récord estaba en más de 70. Málaga son desfiles militares con algún Paso, pero los malagueños se vuelcan con su Semana Santa y con las numerosas Unidades de todos los Ejércitos, Guardia Civil y Policía Nacional que acuden a ella.

Vamos a lo que nos concierne:

Yo desde este atril les recomiendo que acudan a esta Iglesia el Domingo de Ramos para la lectura de la historia de la Pasión del Señor según San Mateo y el Viernes Santo a la Pasión del Señor según San Juan y luego me cuentan si han sido capaces de escucharlo sin emocionarse.

Cristo ocupa, sin duda, el mejor lugar entre los poetas trágicos. Pero es que su vida entera es el más maravilloso de los poemas. No hay nada en todo el ciclo de la tragedia griega que se le parezca en cuanto a piedad y terror. Ni en Esquilo ni en Dante, los dos auténticos maestros de la ternura, ni en Shakespeare el gran autor dramático, no hay nada que pueda igualarse o, aproximarse siquiera, a la simplicidad del patetismo y a la sublimidad del efecto trágico del último acto de la Pasión de Cristo: La cena con sus compañeros, uno de los cuales ya le ha vendido por unas pocas monedas, la angustia en el tranquilo huerto de los olivos, iluminado por la luna, el falso amigo que se le acerca para traicionarle con un beso, el amigo que seguía creyendo en él que reniega de él tres veces mientras el gallo anuncia la llegada del alba, su propia soledad, su sumisión, su aceptación de todo y, escenas como la del sumo sacerdote de la ortodoxia cuando se rasga las vestiduras encolerizado y la del gobernador cuando pide agua para lavarse las manos con la vana esperanza de limpiarse esa mancha de sangre inocente que le convierte en una figura pusilánime en la historia, la ceremonia de la coronación del dolor, una de las escenas más espeluznante que registran las crónicas, la Crucifixión del inocente ante los ojos de su Madre, ¡Jesús podría dejar de vivir en su propio cuerpo, pero no en el corazón de su Madre!, los soldados que se juegan sus ropas a los dados; la muerte terrible con que dio al mundo su símbolo más eterno. Cuando uno considera todo esto aunque solamente sea desde el punto de vista del arte, no puede sino dar gracias que el oficio supremo de la Iglesia y de las Hermandades sea representar esta tragedia, sin derramamiento de sangre, una representación mística mediante el diálogo, las vestimentas, las imágenes, las músicas, e incluso los gestos de la Pasión de Nuestro Señor.  

Les invito a que organicen una Peregrinación a los Santos Lugares donde Cristo vivió y padeció. Volver a bautizarse en el Jordán, orar en el Huerto de los Olivos, hacer de nuevo sus mismos gestos, besar la tierra por la que él anduvo, acompañarlo al Gólgota, al Calvario, siguiendo su camino de dolor y sufrimiento.

Con Inés hemos estado dos veces y son inenarrables las vivencias y sensaciones que allí tuvimos.

Pero saltemos de Jerusalén a Cuevas.

Como buenos católicos no creemos en una vida futura. Los cuevanos creemos en una vida eterna, y nos basta un momento de reflexión para comprender que, si es eterna, ya ha comenzado, no hay que esperar al futuro. Nuestro cielo ha comenzado aquí abajo, por ello hacemos todo lo posible por ser felices. ‘Carpe Diem’ como dice el adagio latino: “disfruta del presente”. Por ello somos tan disfrutones, gozamos con cualquier acontecimiento, todo es excusa para celebrarlo por todo lo alto, el jueves pasado, sin ir más lejos, La Vieja.

Y la Semana Santa que es el gran acontecimiento por antonomasia en Andalucía, tiene su propia personalidad en Cuevas, es diferente, como les he contado, a todos los que he vivido.

Lo que más me llama la atención es la amplísima participación de todos los cuevanos en ella.

Yo que las vivo desde dentro de una hermandad, no pueden imaginar ni por un momento, el gran esfuerzo y sacrificio que supone durante todo el año para poder presentar ante su pueblo un desfile procesional de esta calidad.

Desde que se limpia y guarda todo lo que se ha exhibido en la procesión, las hermandades se reúnen para que, tras analizar las lecciones aprendidas de ese año, ver cómo mejorarlas para el siguiente, siempre en mente, hacer más grande su Semana Santa.

Madre mía, qué trabajo, qué esfuerzo para ir arañando euros, para poder poner una hermandad en la calle.

La de comidas  que hay que elaborar en San Diego y otros acontecimientos, la de lotería que hay que vender, la de puertas a las que hay que acudir en demanda de apoyo, las obras de teatro que hay que representar, las cuotas de afiliados y la de veces que hay que abrir su propia cartera. La de horas y días que hay que dedicar a la plancha y costura, así como a sacar brillo a todo. ¡Sean generosos con las Hermandades que luego bien que disfrutan de su esfuerzo!

Yo que lo vivo desde dentro como no voy a hacer lo que me piden, que sea el Padrino del Cristo, que venga la Legión, ayer mismo, se Bendijo y entregué a la Hermana Mayor Mari Carmen mis tres entorchados de Teniente General para que la Virgen los luzca en su desfile por las calles de Cuevas. Pero miren, estoy completamente convencido que lo que se hace por una Hermandad, redunda en beneficio de todas y, por ende del pueblo de Cuevas del Almanzora.

Y como Cuevas no deja nunca de sorprenderme, hay unos valientes, de los que abundan por aquí, que tienen el coraje de crear, de momento, una Asociación Cultural, Jesús de la Humildad y Paciencia, y sacarla a la calle para el disfrute de todos. Bienvenidos seáis, ya he dicho antes que lo que va en beneficio de una va en beneficio de todas y de lo que se trata es de engrandecer nuestra Semana Santa.

Uno de los detalles de estos desfiles que más llama la atención de los numerosos visitantes y de nosotros, son los “pasos vivientes”. Empezando por el Domingo de Ramos el Paso Negro, Jesús con sus doce Apóstoles, entrando aclamado por el pueblo en Jerusalén, montado en un asno, para que se cumpliera la profecía.

No pueden faltar los niños con su Trono

No quiero pasar a otro “paso viviente” sin mencionar el Lunes Santo, que gracias a la naturaleza que como junto a Jerusalén puso el Gólgota, junto a Cuevas puso el Monte del Calvario para que la Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón y la Caridad pudiera efectuar su soberbia Estación de Penitencia.

¡Sobrecogedor Vía Crucis!

El Martes Santo, con el antiquísimo Paso Azul, el sobrecogedor Paso Viviendo de Cristo Apresado por un Centurión Romano, ¿quién es capaz de no estremecerse a su paso? ¿Cómo no va a estar la Virgen angustiada viendo el martirio de su adorado hijo? Y que me dicen de la marcialidad de esa Banda de Guerra de los Zapadores legionarios y esa Escuadra de Gastadores portando al Cristo.

Pues que sepan que los Gastadores de todas las unidades del Ejército éramos y somos zapadores, los que dábamos paso abriendo las brechas y reparando caminos para que las otras unidades pudieran seguir su avance.

Y para compensar tanta marcialidad, el magnífico trono de la Virgen de las Angustias, llevado en volandas únicamente por mujeres, con su paso cadencioso, elegante, armonioso, rítmico y muy bien acompasado, da gusto verlo pasar.

Otro espeluznante Paso Viviente lo presenta también el antiquísimo Paso Blanco, Salomé con sus esclavas llevando en una bandeja el trofeo que tan vilmente ha conseguido de su tío Herodes, tras ser acusados ambos de relación incestuosa por Juan el Bautista.

Magnífica talla de San Juan Evangelista y espléndida Virgen de la Esperanza.

Por favor, contemplad el rostro del Cristo de la Salud que está magníficamente representado en el cartel anunciador de la Semana Santa de este año. Rostro de abandono al sufrimiento, de entrega total al Padre.

Y las Santas Mujeres Verónica y María Magdalena reclamándonos que no nos olvidemos de su papel en la Pasión de Jesús.

El Paso Morao, con su majestuosa imagen, de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que parece, si lo miras, que está vivo y gracias a sus costaleros, con su caminar, lo hacen más vivo.

Para compensar tanta belleza está la Judea, un paso viviente único en el mundo. Es tan realista que mi nieta pequeña hace unos años huyó despavorida, y llorando me decía: “abuelito que sí que era de verdad, le pegaban fuerte con unos troncos”.

¡Qué visión de futuro sobre el papel de la mujer tuvieron sus abuelos y bisabuelos que acudieron al Antiguo Testamento de la Biblia, a los capítulos IV y V del libro de los Jueces, para presentarnos a Débora que 1.300 años antes de Cristo fue la primera jueza de la historia de Occidente y regía el subyugado pueblo de Israel. Inspirada por Dios, envalentonó a los acobardados israelitas llevándolos a la batalla contra los cananeos, a los que vencieron y destruyeron liberándose de la opresión de 20 años. Cuenta la Biblia que después el país tuvo cuarenta años de paz. Se merece, por lo menos, ese maravilloso manto.

En el Paso Negro, la Virgen María Santísima de los Dolores, la Virgen de mi esposa Inés en Lorca, la de mi consuegra María aquí y como no podía ser de otra manera la de nuestras dos nietas que la acompañan con sus túnicas limpitas y planchaditas.

El Paso Viviente de la Reina de Saba, es la otra mujer empoderada que nos presenta el Antiguo Testamento en su capítulo X. Nos la muestra como inteligente, poderosa y bella mujer de las lejanas, ricas y exóticas tierras del actual Norte de Etiopía.

Vino a Jerusalén para encontrarse con el rey Salomón, y descifrar enigmas para ver quién era más inteligente.

Visualizo a alguna de nuestras nietas, dentro de unos cuantos años, representando el papel de la Reina de Saba.

Me gustaría destacar, como buen melómano, esos maravillosos sones con que nos deleitan el oído y el espíritu al paso de los tronos. En pocos lugares hay tal profusión y calidad de Agrupaciones y Bandas de Música acompañando a las Hermandades con su música procesional.

Y, por otra parte, vaya esfuerzo, vaya sacrificio, vaya solidaridad en esos aguerridos costaleros y costaleras y braceros y braceras que como un gran corazón ponen en movimiento a todos los Pasos, para deleite de todos.

¡Qué solemnidad, qué sobrecogimiento con el Santo Entierro del Señor!

Y, por fin, el día de Gloria Jesús Resucitado y el Santo Encuentro magníficamente escenificado: San Pablo el discípulo amado anunciando a la Virgen la Resurrección de Cristo y acudiendo los dos a su encuentro.

Y, por último, hablando de encuentros, uno de los momentos que más nos emociona son los famosos encuentros de la Virgen con su hijo, o con Pablo, ¡Cómo podía dejarse de demostrar en esta tierra de María, el amor profundo entre la Virgen y su hijo! La verdadera muerte es el olvido. Por ello, los cristianos no queremos que se olvide nunca la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y lo recordamos y se lo hacemos ver a todos los cuevanos y visitantes por nuestras calles. Porque Dios no quiere adoradores, sino colaboradores en su misión en la Tierra, para promover la justicia, la caridad y la solidaridad como signos de identidad de la Iglesia.

 

 

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